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Caballitos en la Feria de Murcia

La Feria en el Tiempo

Carlos Valcarcel.Cronista Oficial de Murcia

Carlos ValcarcelLa Feria es un privilegio que concede a Murcia el rey Alfonso X El Sabio, con fecha 18 de mayo de 1226, como el día siguiente, 19 del mismo mes, otorga el de los mercados de cada jueves. A lo largo de los siglos, ha venido instalándose en diversos puntos de la ciudad aunque durante muchísimos años tuvo su emplazamientos en la orilla del rio, hoy plano de San Francisco, y en El Arenal, actual plaza Martínez Tornel, así como en la misma margen del Segura, lindante con lo que después seria Glorieta de España. Posteriormente, en la que hoy es avenida Teniente Flomesta y, desde los años primeros del siglo XX, en el desaparecido parque de Ruiz Hidalgo.

La feria es la eterna desalojada, como si no pagase el alquiler del suelo en que se establecía. Dejó de utilizarse la Glorieta de España, en la que se instalaba una tribuna para conciertos de bandas de música y paseo de numerosos murcianos que huían del barullo del parque Flomesta.

Pasó posteriormente a la antigua Fica, en donde sigue montándose, aunque una año tuvo asentamiento en la avenida Alfonso X El Sabio y en la actual calle de Gutiérrez Mellado. También se situó en el polígono infante Juan Manuel.

Entre las muchas señas de que la ciudad estaba en fiestas, hasta poco antes de la Guerra Civil, se silueteaba la torre de la Catedral a base de bobillas en cada uno de sus ángulos. El estruendo de cohetería y tracas, la elevación de globos y figuras grotescas, ponía su noto preliminar a una fiesta popular y masiva, que se daba cita en el parque de Ruía Hidalgo, en el que se contaban las casetas de juguetería y golosinas, así como los puestos o ventorrillos de condumio y bebidas, sin olvidar aquellos modestos puestos de agua, consistentes en una mesa cubierta de una sábana blanca, ramos de alfalfa y un botijo o cántara de agua fresca.

Allí mismo, en el citado Parque, se colocaban los columpios, los caballitos del Tío Vivo, los guiñoles o “cristobicas”, el laberinto y los espejos.

En Flomesta se alzaba las norias, los automóviles eléctricos y otras distracciones de mayor envergadura. En el parque y en Flomesta se daba cita cada noche miles de murcianos y residentes en pueblos cercanos. Algo que viene sucediendo en las actuales instalaciones en el Real de la Feria.

Hoy, la feria sin dejar de incluir en su amplio programa casi la totalidad de las antiguas, se enriquece con la adicción de numerosos festejos, de calidad, variedad y altura. ¡Que ustedes lo pasen bien, disfruten las fiestas septembrinas con toda salud y alegría y, en las barracas del huerto del Malecón degusten las ricas viandas de la Huerta murciana, así como los jugosos caldos de la vid de nuestra tierra!.

 


"La vida es un combate que hay que convertir en fiesta"